Todas las meningitis importan

El Día Mundial de la Meningitis se conmemora cada año el 24 de abril porque son 24horas las que te diferencian entre estar vivo o muerto.  Y el eslogan elegido para este año ha sido «All Meningitis Matters» ó “Todas las Meningitis Importan“.

Hay 4 tipos diferentes: bacteriana, vírica , por hongos y parásitos. Algunas son mas peligrosas que otras , pero debemos conocerlas. De ahí la importancia de la vacunación y prevención frente a la misma.

En el caso de las meningitis bacterianas, son mortales en el 50% de los casos no tratados o no tratados a tiempo. Incluso cuando se diagnostica tempranamente y recibe tratamiento adecuado, un 5 a 10% de los pacientes fallece. Por su mortalidad y las graves secuelas entre sus supervivientes , la Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una urgencia médica y obliga además a su reporte inmediato.

La mejor forma de prevenirla: la vacunación.

Aunque no entres en los grupos de riesgo por tener 20 o 40 años, estás expuesto cada vez que sales a la calle y eres susceptibles de padecerla.

Hoy quiero acercaros la historia de Davide (contada por su novia Cecilia) que al igual que la mía, es una bofetada de realidad. De cómo una enfermedad puede cambiar tu vida radicalmente y la única opción es plantarle cara.

UNA HISTORIA  DE SUPERACIÓN


‘Shock séptico / sepsis meningocócica.’ eran las palabras escritas junto al nombre de mi chico en el ordenador que había en la puerta de su box en la UCI. Acompañando a estas palabras había un pequeño símbolo, un dibujito que representaba una explosión, que, en el listado de pacientes ingresados en la unidad, solo él tenía. En la sala, quietud angustiante, silencio cargado, pesado, solo interrumpido por los zumbidos y pitidos de máquinas aquí y allá.

La enfermera me miró con unos ojos imposibles de olvidar, y con palabras suaves me aconsejó que volviera a casa, que me llamarían en cuanto hubiera fallecido.


Me dio a entender también que sus padres – que habían cogido el primer vuelo desde Italia y llegaban de madrugada – difícilmente encontrarían a su hijo con vida. 

Días antes, Davide, con sus 24 años y la alegría que lo caracteriza, estaba haciendo su ajetreada vida normal: ir a clase por la mañana, a trabajar por la tarde, y encontrar siempre horas en el día para hacer natación, correr, cocinar, ver a sus amigos y cultivar sus aficiones. 

Bromeando durante su visita a urgencias.

INGRESO EN EL HOSPITAL

Una tarde cualquiera del pasado enero me preguntó si podía acompañarlo a urgencias. Tenía fiebre y malestar general, se notaba algo en la garganta y la mandíbula rígida. Tras seis horas de esperas en las urgencias colapsadas del hospital, y con resultados perfectos en el análisis de sangre y orina, nos fuimos a casa a las dos de la mañana con un diagnóstico: gripe. En casa, Davide se fue encontrando peor. La fiebre subió casi a 39º y empezó a tener vómitos. No nos pareció raro, ya que los médicos nos habían dicho que este año la gripe venía fuerte y con vómitos. 

Me fui a dormir muy tarde, y pocas horas después, al despertar, vi que Davide tenía muy mala cara, y le habían aparecido pequeñas manchitas por la cara, de un color entre el marrón y el rosado. Se encontraba fatal, sin fuerzas. La primera cosa que me dijo fue que le dolían muchísimo los pies. Los tenía congelados, y al retirar los calcetines descubrí con horror que estaban llenos de manchas como las de la cara, pero ligeramente más grandes. Una sensación terrible se apoderó de mi. Nos fuimos corriendo a urgencias. No teníamos la más remota idea de qué podía significar este nuevo síntoma, no comprendíamos nada de lo que estaba pasando. Él se sentía literalmente morir, y yo estaba aterrorizada. 

En cuanto los médicos lo vieron, se volvieron locos y todo fue muy rápido. Sinceramente, aquí hay un espacio vacío en mis recuerdos porque perdí la visión y estuve un rato luchando para no desmayarme. Enseguida lo ingresaron en la UCI, me informaron de que podía ser meningitis bacteriana, y cuando pude verlo, tan solo dos horas después, las manchas se habían convertido en enormes superficies de un morado oscuro que cubrían casi todo su cuerpo, y se retorcía de dolor a pesar de las altas cantidades de fármacos administrados. Todo fue a peor. En pocas horas estaba en fallo multiorgánico y con escasísimas probabilidades de sobrevivir. 

24/48 horas. Era el tiempo en el que su cuerpo decidiría entre la vida y la muerte. Pero Davide quería vivir, y sus ganas de vivir vencieron esta guerra. 


Empezó el largo camino de la recuperación. Tras una semana en coma inducido, empezó a despertar. Maravillados, descubrimos que su cerebro estaba intacto. Nos reconocía, se acordaba de todo, se movía e intentaba hablar, aunque su voz aun no sonaba por la respiración asistida y más tarde por la traqueotomía. 

Pero no todo eran buenas noticias. Los riñones no funcionaban y las manchas moradas se habían convertido en algunas zonas en grandes ampollas que explotaban y rompían la piel, en otras partes en grandes placas negras. Empezaron diciéndonos que habría que amputar los dedos de manos y pies, pero que el resto de su cuerpo no estaba en peligro. Sin embargo, la necrosis avanzó y hubo que actuar con rapidez. Estando aún muy grave y debilitado, Davide fue sometido en una semana a cuatro duras operaciones , a la amputación de sus cuatro extremidades. 


¿Cómo lo afrontó él? Con una sonrisa. 

Davide ingresado en la UCI


Tras la primera operación, su familia y yo estábamos devastados. Temíamos el momento en que, al pasar el efecto de la anestesia, Davide despertara y se encontrara con un brazo menos. Imaginamos una reacción terrible y en este caso, natural y entendible: imaginamos que no lo aceptaría, que estaría deprimido, hundido, sin ganas de vivir. 

Y sin embargo, lo encontramos en su box, contento de vernos, sonriente. Solo unas horas después de su amputación ya hizo las primeras bromas sobre su muñón. 

Días después -con más amputaciones realizadas- me encontré con el equipo de psiquiatras/psicólogos que habían ido a verle. Me pararon por el pasillo, y me dijeron que estaban completamente extrañados, que la manera en que Davide estaba respondiendo a lo que le había pasado era extraordinaria, casi antinatural. 

Tras un mes en la UCI pasó a la planta de cirugía plástica y quemados, ya que además de las amputaciones, grandes superficies de su piel estaban dañadas, ‘quemadas’, o convertidas en placas necróticas, lo que conllevó unas cinco o seis – sinceramente, perdí la cuenta- operaciones más, para realizar injertos de piel. Tomaban la piel de las pocas zonas donde la púrpura no había afectado, y cubrían las superficies en las que habían extirpado la piel dañada. 

TRES MESES EN UCI

Davide estuvo ingresado durante 87 días, desde mitad de enero hasta principios de abril. Y a pesar de todo lo sufrido, me confiesa que no consigue ser negativo, que solo puede sentirse agradecido por estar hoy aquí. Y es que Davide ha hecho fácil lo (extremadamente) difícil. Desde la camilla, de camino al quirófano para ser amputado, nos guiñaba el ojo, lanzaba besos y nos sacaba la lengua. Sus bromas »hoy he dormido a pierna suelta», »te daría un apretón de manos pero no me quedan», nos hacían morir de la risa. Ha hecho grandes amigos en el hospital y ha contagiado su buen humor y sus ganas de vivir a todo el personal. 

Entre las incontables reflexiones que hemos compartido en este periodo, una de ellas es que no somos nada.

Vivimos como si la vida nunca fuera a acabar, como si nada pudiera sucedernos y fuéramos indestructibles. Y de repente entra en escena una bacteria, una cosa microscópica llamada meningococo, capaz de matarte en cuestión de horas.


Una bacteria terrible, fulminante, voraz, que afortunadamente no se llevó por delante la vida de Davide (se llevó solo sus brazos y sus piernas), aunque sí la de miles de personas en el mundo cada año. 


En España la vacuna contra el meningococo C – serotipo que afectó a Davide – se aplica sistemáticamente desde el año 2000. Pero Davide es italiano, y parece ser que cuando era pequeño esta vacuna no estaba incluida en el calendario de vacunaciones de su país. 

¿REALMENTE CONOCES ESTA ENFERMEDAD?


La enfermedad meningocócica afecta a personas de todo el mundo, niños y adultos, mujeres y hombres, en países subdesarrollados y en el primerísimo primer mundo. Pero sorprendentemente no sabemos nada sobre ella. Sinceramente, a mi la palabra ‘meningitis’ me sonaba, sabía que era una enfermedad que afecta al cerebro y poco más, ni causas, ni síntomas, ni consecuencias. No sabemos por qué enfermó Davide, ¿se contagió? ¿una infección anterior de convirtió en esto? ¿era portador? Siempre nos quedarán estas incógnitas. La meningitis es difícil de detectar, pero conociendo los síntomas y concienciando sobre la importancia de la vacunación se podrían evitar muchas muertes. 

Esta bacteria actúa en horas y te cambia la vida para siempre. Para nosotros aun queda un largo trecho. Davide recibió el alta hospitalario hace solo dos semanas, y cuenta los minutos y los días para poder empezar la rehabilitación protésica, volver a andar y ser dueño de su vida. Y yo estoy segura de que conseguirá todo lo que se proponga y mucho más. 

David antes y despise de sufrir una meningitis