Antes de enfermar, el Covid-19 ya supuso un cambio en nuestra forma de trabajar con nuestros pacientes. De la noche a la mañana comenzamos a resolver sus problemas de salud por teléfono, sabiendo que en algunos casos era imposible hacerlo de este modo. Pero bueno, al menos debíamos tratar de sujetarlos.

Poco después, casi todo lo que teníamos que resolver ya estaba relacionado con Covid-19: llamadas telefónicas de seguimiento intentando escudriñar ese síntoma que a partir del cuarto o quinto día de evolución te indicaba que el paciente empeoraba. Le decías que se acercara al centro para la saturación de oxígeno y auscultación, para ver si ya tenías que mandarlo al hospital para hacerse una radiografía. Recuerdo los avisos con los EPIS a cuestas, vistiéndote antes de entrar en casa del paciente. Y doy gracias a los taxistas que nos han llevado a los domicilios de forma gratuita.

A día de hoy, -llevo varios días de baja- no sé cuantos de mis pacientes han fallecido por Covid-19. Antes de que yo enfermase al menos tres que recuerde….y varias hospitalizaciones. Me dolió y sufrí, porque los fallecimientos no fueron en el tipo de paciente que esperas. Todos pensábamos que se iba a llevar a nuestros abuelitos, a las personas más mayores, y no ha sido así en muchos casos.

El principio

Mis síntomas comenzaron los días 23 y 24 de marzo con una levísima febrícula. El 25 ya se convirtió en fiebre de 38,5ºC, por lo que ese día ya no acudí al centro de salud y seguí las mismas recomendaciones que les damos a nuestros pacientes: aislamiento, paracetamol y reposo. En esos días estuve tranquila, aguantando estoicamente, pero el día 28 la fiebre subió a 39,5º y me encontraba con mucha taquicardia, por lo que decidí ir al hospital. La saturación era buena, pero la analítica ya mostraba linfopenia, plaquetopenia y PCR de 40. Afortunadamente, Dímero D normal. La radiografía de tórax mostraba una neumonía bilateral incipiente. Las guías hablaban en ese momento de que en los casos leves un tratamiento con azitromicina (discrepancia actual todavía si 3 ó 5 días) + hidroxicloroquina 7 días es curativo casi en el 100% de los casos, así que me fui a casa esperanzada con mi tratamiento.

«Creo que en ese momento tampoco tuve miedo, siempre he confiado mucho en el sistema sanitario y en mis compañeros».

Pero la fiebre persistía después de 4 días con el anterior tratamiento. A mi alrededor, mi hermano hacía una neumonía y mi cuñada también. La astenia cada vez era más intensa, mi saturación de oxígeno bajaba de 96% a 93%.

Decidí volver al hospital. La linfopenia, plaquetopenia y la PCR habían empeorado… y la imagen radiológica de tórax era más fea que la anterior. La gasometría era muy justa. Me ingresan, me suspenden azitro, me mantienen dolquine y me añaden kaletra.

El ingreso

Notas cierto alivio cuando te ingresan, en el hospital nada puede ir ya demasiado mal. Pero te acuerdas de los pacientes que requieren UVI y piensas si tú serás uno de ellos. Cómo me sentí esos días… quizá fueron los peores. La astenia invade tu cuerpo hasta tal punto que pensar en actividades cotidianas como ir al baño o ducharte te crean una gran preocupación. Te ves incapaz y, a todo ello hay que sumarle una pérdida de apetito brutal.

Creo que, en mi caso, esa fase duró unos cuatro días, además de los efectos secundarios de la medicación: diarrea, cefalea, sabor metálico, flemas con sangre… parece que tu cuerpo se está desintegrando. Piensas que recuperarte de esto te va a llevar meses…vives pegada a tus gafas nasales y a tu oxígeno, porque notas que te dan la vida. Mirando al techo, sin ningún otro objetivo que dejar pasar las horas, preocupada porque tu hermano también te cuenta lo mismo, le han ingresado al día siguiente que a ti. Nuestra madre llora cuando nos llama, aunque nos da ánimos y nos dice que somos fuertes y que lo vamos a superar, mi padre igual, él es un gran superviviente.

 «La gente te llama y te manda miles de WhatsApps dándote ánimos y preocupados por cómo estas, incluso los pacientes te animan, aunque a veces no tienes fuerza para contestar».

Pero en los dos días siguientes te levantas mejor. Te duchas, ves que sí eres capaz, comes un poco mejor, tu cuerpo comienza a responder. Tus médicos pasan y te dicen que la analítica ya está mejor y que tienes que intentar desconectarte poco a poco del oxígeno.  Empiezas a pensar que puedes superarlo. Te quitas el oxígeno durante 24 horas y ves que aguantas, que cuando te toman la saturación es del 96%.  Te das cuenta de que ya llevas 6 días sin fiebre…y al 7º día desde el ingreso me dan el alta. Me visto despacio, recojo mis cosas, me pongo mis guantes y mi mascarilla. Abrazo a mi compañera de habitación, una mujer de 78 años que me despertaba a las 6 de la mañana cantando, ahora me da pena dejarla. Salgo a dar las gracias a todo el mundo, pido permiso para ir a ver a mi hermano a su habitación y lo abrazo, lloro de emoción, todo el mundo de su planta nos aplaude.

«Me voy contenta y con la esperanza de que él pronto también estará en casa».

Me recoge mi marido, llegamos a casa, veo a mis hijos. A pesar de que no puedo abrazarlos, veo esa lucecilla en sus ojos, están contentos de tenerme en casa, son fuertes a pesar de su adolescencia. Me voy de nuevo a mi confinamiento, mi PCR hecha el día 7 de abril sigue siendo positiva, el virus sigue conmigo.

La primera noche en casa intento dormir en prono, ayuda a la oxigenación pulmonar. Me siento muy agobiada, con mucho calor. Me doy cuenta de que estoy empapada y me cambio de ropa. Tengo miedo, mucho miedo de ponerme el termómetro y ver que tengo fiebre otra vez, mucho miedo de ponerme la saturación de oxígeno y que esté baja. Pienso que el virus se está reactivando otra vez dentro de mí y que finalmente me va a vencer. Intento tranquilizarme, pero no puedo. Tengo taquicardia, se hace de día, me voy al hospital, hablo con mi infectóloga de la planta, le digo que puede ser mi cabeza, síndrome de Estocolmo tras la estancia hospitalaria… porque si estás allí y tienes hipoxemia te ponen oxígeno, si tienes fiebre valoran otro tratamiento…te sientes segura, aunque estés encerrada.

Me dice que me repiten la analítica y la placa en urgencias, que mi cama está libre todavía, que está de guardia, que va a estar pendiente de mí, que es normal que aún tenga síntomas.

La analítica y la placa están mejor, también las constantes, me voy a casa.

Decido tomar Lorazepam unos días, espero que a partir de ahora todo vaya bien. El lunes 13 hará 21 días del comienzo de los síntomas, se supone que en la mayoría de los casos la PCR se negativiza y vences al virus. Me quedan tres días, espero ser fuerte.

 

Gracias por escucharme

 

Susana
Medico de Familia,  46 años

10/04/2020